martes, 16 de enero de 2018

El Tarot egipcio de Freud

En muchas webs de gente que se dedica a leer el Tarot se menciona el hecho de que Sigmund Freud tenia un Tarot que se conserva en su casa, ahora mueso, de Viena.

Se trata de un Tarot egipcio con claros signos de haber sido usado y se preguntan ¿Como usaba Freud el Tarot? Bien, lo que sí podemos asegurar es con no se usaría el Tarot en psicoanalisis. Jamás se usaría para predecir el futuro, y de usarse en terápia no seria el terapeuta quien leeria las cartas, sino el paciente.

 El eje central del psicoanalisis es la sociación libre, que nada tiene que ver con encontrar un significado de una carta, sino los contenidos del subconsciente.



Les dejo un extracto de Wikipedia sobre la técnica psicoanalítica:
Según el psicoanálisis, los síntomas histéricos y neuróticos tienen un origen ligado a conflictos inconscientes, aspectos de los cuales, pese a ser ajenos por completo al consciente del analizado, pugnan por emerger a la conciencia. El retorno de lo reprimido, resultado de una represión fallida ante la fuerza emergente del material reprimido, es una formación de compromiso, ejemplo de lo cual constituye el síntoma histérico y, en general, el neurótico. El objetivo de la terapia es vencer las resistencias para que el analizado acceda a las determinaciones inconscientes de sus sentimientos, actitud o conducta. Freud, en una de las oportunidades en las que describe la operación que lleva a cabo la terapia analítica, lo hace en estos términos: "la rectificación con posterioridad del proceso represivo originario".25​ La «regla fundamental» de la técnica psicoanalítica es la asociación libre.26​ El analista introduce al paciente en la técnica solicitándole que le comunique todos los pensamientos, ocurrencias, ideas o imágenes que se le pasen por la mente, independientemente de que estos le parezcan absurdos, irrelevantes o comprometedores, «sin criticarlos o seleccionarlos».27​ Al comunicar estos contenidos, el analizado no debe tener en cuenta cuan insignificante, trivial o desagradable le resulten, ya que esto solo expresaría la acción de las resistencias. El analista por su parte, también debe respetar reglas, particularmente las tres siguientes: Escuchar al analizado con una atención parejamente flotante, es decir, sin privilegiar ningún elemento de su discurso, lo que implica que el analista «deje funcionar lo más libremente posible su propia actividad inconsciente y suspenda las motivaciones que habitualmente dirigen la atención».28​ En palabras de Freud, «el analista debe escuchar y no hacer caso de si se fija en algo».29​ Mantener una actitud neutral, en cuanto a los valores, es decir, no dirigir la cura en función de un ideal religioso, moral o social, no juzgar, no aconsejar.30​ La posición debe ser igualmente neutral frente a las manifestaciones transferenciales y frente al discurso del paciente, es decir, «no conceder a priori una importancia preferente, en virtud de prejuicios teóricos, a un determinado fragmento o a un determinado tipo de significaciones».31​ Observar una actitud de estricta abstinencia, lo que implica que el analista «no satisface las demandas del paciente ni desempeña los papeles que este tiende a imponerle».32​ El sentido de este principio es que la cura debe transcurrir de tal forma que el analizado no se sirva de ella para obtener satisfacciones sustitutivas de sus síntomas. En cuanto a la interpretación, su función no es propuesta como un enunciado que refiera el material que ofrece el caso a una teoría (como el Complejo de Edipo, la nosología psicoanalítica, las tópicas que representan el aparato psíquico, etc.), sistematizada o no, que incluya la experiencia propia del analista y el consenso de la comunidad analítica, sino algo que se acercaría mucho más a un desciframiento. En este sentido, el psicoanalista Donald Winnicott comenta la importancia de «que el analista no conozca las respuestas, excepto en la medida en que el paciente dé las claves. El analista recoge las claves y hace las interpretaciones».33​ Los lapsus son actos erróneos para la conciencia, en los que se manifiesta una descarga del inconsciente. Para Freud, expresa un motivo personal relevante, desconocido para la personalidad consciente. A menudo el lapsus no es obvio
y se revela solo después de una larga cadena de asociaciones.

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